Por Raúl Iván Perales

Desde mi más tierna infancia he sido consciente de las circunstancias que iban a rodear mi vida, pero de la misma manera sabía que quería hacerme presente dentro de la sociedad que me rodeaba y, aunque mis hándicaps físicos no me ayudaban, siempre he sido muy sociable y con don de palabra. Eso me ha facilitado siempre hacer amigos. Ese aspecto de mi vida siempre lo he intentado potenciar, tanto en el ámbito personal como en el de mi entidad, lo he trabajado un montón y continúo trabajándolo, siendo muy consciente de todo lo que puedo hacer, sobre todo dentro de mi entidad según me iba haciendo adulto.

Hasta que un buen día, algunos profesionales del Centro Ocupacional me hicieron una propuesta que no esperaba. Me hicieron saber que últimamente había aumentado el volumen de Centros de Formación que querían visitar «La Muntanyeta» y había llegado a un punto en el que ellos ya no daban a basto, y estaban más que convencidos de que esa tarea la podía desempeñar a la perfección, por mí don de gentes y facilidad de palabra. Una de mis mayores flaquezas es mi gran sentido del ridículo y preguntarme constantemente qué es lo que la gente puede estar pensando de mí. Todo eso me hizo dudar, pero vi tanta confianza en las caras de mis amigos que podía realizar bien el trabajo que no les podía decir que no. Me estaban dando la oportunidad de probarme a mí mismo, de saber si era capaz.

Al principio las hacía con apoyo de un profesional, para ver cómo me desenvolvía y si las hacía correctamente, al comprobar que su desarrollo era correcto. Un buen día el profesional que me acompañaba, en medio de una charla, se fue. En un primer momento tuve muchísimo vértigo, me encontraba solo, delante de un grupo grande de personas; estaba al mando; tenía que nadar y me habían quitado el flotador. Después de uno de los mayores subidones de mí vida, comencé a nadar hasta el día de hoy.

Explicar a gente de fuera de nuestro ámbito qué es la Parálisis Cerebral a veces no resulta sencillo, porque a pesar de que muchas personas de las que han pasado por mis charlas se están preparando para poder trabajar dentro de nuestro colectivo, tienen mucha teoría y poca práctica, y es precisamente por eso mismo por lo que vienen a ver centros como el nuestro, para ver la realidad tal y como es. Yo siempre intento que sea lo menos impactante posible, pero también es evidente que tampoco podemos esconder nada, y es ahí, en la primera impresión es donde la gente tiene reacciones de lo más dispares entre sí. Algunos cuando nos ven tienen que salir fuera porque se ponen a llorar; otros se sorprenden un poco al principio, pero cuando ya a pasado un cierto tiempo lo van llevando mejor e incluso hay quienes nos tratan con una normalidad absoluta desde un primer momento. Aunque dependiendo del tipo de persona que tengas delante tendrás que buscarte tus propias estrategias, porque es evidente que no se les puede hablar de la misma manera ni utilizando las mismas expresiones cuando estás hablando con chicos que cursan la ESO que a jóvenes universitarios. También es inteligente al dar tu discurso, dejar que ellos mismos se den cuenta que poco a poco se adaptaran al tono de voz y a mí pronunciación. Mientras haces la charla amena y participativa para evitar que el público desconecte, aunque yo acostumbro a enrollarme demasiado.

En mi caso yo divido las charlas en tres bloques, el primero lo hago mediante un Power Point institucional, donde explico desde qué es la Parálisis Cerebral, pasando por quién fundó la entidad y por qué, nuestra distribución, las terapias que realizamos, etc. El segundo es un vídeo de la entidad, donde ven todas las terapias que les he explicado con anterioridad aplicadas a todas las personas que atendemos en el centro. Y para finalizar, hacemos la visita a las instalaciones.

Cuando haces una ponencia, aunque hayas hecho muchísimas veces la misma como es mi caso, nunca te debes relajar. Porque, aunque la temática sea la misma, el público nunca lo es, te pueden hacer alguna pregunta que no te esperas, o durante la charla puede pasar alguna incidencia que no te esperas, ósea que para mí el respeto por todas y cada una de las personas que vienen a verte y escucharte tiene que ser máximo. También considero tremendamente importante que un buen orador tiene que saber poner énfasis cuando la situación lo requiera, tiene que trasmitir a la gente que tiene sentada delante, para conseguir empatizar con los demás. Yo el día que no sienta esos nervios controlados antes de hacer una ponencia dejaré de hacerlas, porque eso significara que he dejado de luchar por mí mismo y por la inclusión social de nuestro colectivo.

Cuando he finalizado la charla, dejo un tiempo para que me hagan preguntas. Cuando han acabado entonces pregunto qué les ha parecido la charla, qué es lo que se llevan dentro de la mochila o si se esperaban que alguien con Parálisis Cerebral les diera la charla. A esa pregunta suelen decir que no, porque siempre son los profesionales de las entidades quienes las presentan. También les hago la reflexión, de que si queremos conseguir la integración plena en la sociedad los primeros que tenemos que dar un paso adelante debemos ser nosotros participando en ella en el día a día.

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1 comentario

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