Por Sabrina Balén Carreño

El motivo que me trae hoy hasta el folio en blanco, que me impulsa para escribir este nuevo artículo, es el de dar “un tirón de orejas “a nuestra querida sanidad pública que, aunque quizás sea una de las mejores de Europa e incluso a nivel mundial, aún tiene algunos puntos que mejorar.

Al que no lo sepa, España la asistencia sanitaria es un servicio al que todos los ciudadanos y ciudadanas tenemos derecho sin que tengamos que pagar por ella, (a no ser que elijas ser atendida en la sanidad privada).

Es cierto, que nuestros centros de salud y hospitales dejan bastante que desear a la hora de tratar, por ejemplo, a las personas con algún tipo de discapacidad, ya sea física, sensorial o cognitiva, puesto que ni los facultativos, ni las infraestructuras sanitarias están preparadas y muchas no son accesibles.

Este problema también afecta a las personas con parálisis cerebral, por supuesto. Por poneros un ejemplo, las puertas de acceso a consultas o dependencias sanitarias son demasiado estrechas, por las que a duras penas entra una silla de ruedas; camillas demasiado altas y no regulables, que dificultan tremendamente el acceso a las mismas por parte de personas con movilidad reducida; ausencia de intérpretes en lengua de signos para personas con discapacidad auditiva… y así podría continuar con la larga lista de déficits, que en mi opinión son un grave problema para acceder de manera igualitaria a los servicios sanitarios, sin necesidad de ir acompañadas, porque, ¿cómo va a ir una persona con parálisis cerebral sola al médico teniendo, si no puedes subir a la camilla?.

El panorama no es mucho más alentador en el caso específico de las mujeres parálisis cerebral, teniendo en cuenta que todas las mujeres, por serlo, requieren en ocasiones servicios sanitarios específicos, como la atención ginecológica. La mayoría de los profesionales carecen de la adecuada información sobre lo que es la parálisis cerebral y como atendernos, por lo tanto, no entienden que una mujer con esta discapacidad no puede subirse a la camilla, abrir las piernas a modo gimnasta olímpica porque tienes espasticidad (y en la mayoría de los casos desconocen lo que es), ni evitar ponerse rígida ante la temida ecografía vaginal.

Todo esto se evitaría con una sanidad pública accesible e igualitaria que hiciera valer el derecho a ella de todas las personas y fomentara la independencia, en lugar de hacernos más dependientes y favorecer la intromisión en nuestros derechos por parte de familiares, amigos o conocidos.

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