por Marina Muñoz

 

No dejes de soñar”, como dice la canción de Manuel Carrasco. Para mí no es solo una frase bonita, es una forma de resistir, de seguir adelante y de recordarme quién soy y hacia dónde quiero ir.

Hola, soy Marina Muñoz Oñate, de la Red de Adultos de ASPACE Madrid, y hoy quiero hablarte desde un lugar muy sincero: el de alguien que ha tenido que pararse, escucharse de verdad y tomar una decisión valiente.

Durante años hice lo que se esperaba de mí. Estudié Psicología, terminé la carrera, hice el máster habilitante. Me esforcé muchísimo y lo conseguí. Y, aun así, algo dentro de mí estaba apagado.

Con el tiempo tuve que ser muy honesta conmigo misma: la psicología me apagaba, no me hacía feliz y me quitaba las ganas de vivir. Decir esto no es fácil, pero es la verdad, porque a veces, incluso cuando haces “lo correcto”, puedes perderte a ti misma por el camino.

Y entonces, la vida me golpeó de una manera completamente inesperada. El fallecimiento de mi padre, a los 60 años, por un infarto repentino, lo cambió todo. Fue un antes y un después, un momento que te obliga a mirar la vida de frente y a darte cuenta de lo frágil que es todo, de lo rápido que puede desaparecer, de lo importante que es no dejar nada pendiente con uno mismo. Fue ahí cuando lo entendí de verdad. Ahí supe, sin ninguna duda, que no podía seguir viviendo una vida que no me hacía feliz, que tenía que apostar por mi vocación, por mi verdadera y absoluta vocación: la interpretación. Desde entonces lo tengo claro: me voy a dedicar profesionalmente a ello. No lo veo como una opción más, sino como el camino que necesito para ser feliz.

La interpretación me da algo que no puedo explicar del todo: me da vida, me da hogar, me da familia. Porque sí, en esta profesión se crean vínculos muy fuertes, muy reales, personas que llegan a tu vida y, de repente, se convierten en parte de ti. Y para alguien como yo, que siente mucho y que necesita dar y recibir cariño, eso lo es todo.

También creo profundamente en el poder de lo que hacemos. La cultura no es un lujo, es una necesidad. Nos salva, nos acompaña, nos hace entendernos. A través de una historia, alguien puede sentirse menos solo, puede encontrar respuestas o, simplemente, puede respirar un poco mejor.

Y, en mi caso, además, la interpretación se ha convertido en mi mejor terapia. Pensar que voy a poder ganarme el sustento siendo actriz profesional ante la cámara y actriz profesional de doblaje me da fuerza, me sostiene y me ayuda a seguir adelante incluso en los momentos más difíciles.

Actualmente, me estoy formando para entrar en el mundo profesional del doblaje lo antes posible. Me he formado como actriz ante la cámara, y sigo en continuo aprendizaje, pero también me estoy formando como actriz profesional de doblaje para, por una rama o por otra, poder trabajar, crecer y participar en muchos proyectos, ya que la rama del doblaje es muy amplia y ofrece muchas oportunidades.

Quiero que mi trabajo sirva para algo. Quiero que alguien, en un hospital, pasando por un momento difícil, pueda olvidarse durante un rato de su dolor. Porque yo sé lo que es estar ahí, sé lo que es la incertidumbre, la espera, el no saber. Y por eso sé lo importante que es cualquier pequeña luz en medio de todo eso.

Pero, sobre todo, quiero decir algo muy claro: tenemos derecho a elegir lo que nos hace felices. Da igual lo que sea, da igual si encaja o no con lo que otros esperan, da igual si es más difícil o menos comprendido. Nadie tiene derecho a juzgar aquello que te hace sentir vivo, nadie. No importa si has estudiado otra cosa, si has tomado otro camino antes, si dudas o si tienes miedo. Lo único que de verdad importa es eso que, cuando lo haces, te conecta contigo y te hace sentir que la vida merece la pena.

Y esto también va, con todo mi cariño, para las personas con discapacidad o que utilizan silla de ruedas: vuestros sueños también importan y también son posibles. Una silla de ruedas no define hasta dónde puedes llegar, no marca tus límites. No puede ni debe frenar aquello que te hace feliz.

La vida no es de los que cumplen expectativas ajenas, sino de quienes se atreven a ser honestos consigo mismos. Yo he decidido escucharme. Apostar por lo que me hace sentir viva. Y no ha sido fácil, pero sí ha sido necesario. Ojalá tú también te escuches, ojalá te permitas elegirte, ojalá no te rindas. Porque la vida es una, y es tuya.

Así que, pase lo que pase… no dejes de soñar.

Puede que también te guste

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *