Por Patricia Pimentel

Cuando uno conoce a Patricia se da cuenta de que la bondad realmente existe. Es de esas personas que tienen “ángel”, tanto ella como su mitad, su hermana Rocío.

Ambas tienen parálisis cerebral y son adultas, y acuden a un Centro de Día concertado por la Comunidad de Madrid. Centro en el que tienen amigos, realizan múltiples tareas, y lo más importante de todo, se sienten realizadas como personas.

Patricia, cuéntame que supone para ti acudir al Centro de Día de lunes a viernes.

Pues la verdad es que para mí es un lugar en el que aprendo y me divierto. El centro se divide por departamentos y talleres y yo estoy en el departamento de Edición y Redacción. Mi jornada comienza a las 10.00 de la mañana, llevo la recepción junto a una compañera y nos dedicamos a recoger llamadas, atender a las visitas, etc.

A las 12 cambiamos de actividad y ya comienzan los talleres, talleres que son muy importantes ya que todos tienen una finalidad pedagógica y que están adaptados a nuestras capacidades y a nuestros gustos.

¿Y a qué talleres acudes tú?

La verdad es que tengo una jornada intensa, ya que soy una mujer muy activa y me encanta aprender cosas nuevas. En total acudo a 6 talleres y son: taller de maduración, que consiste en intentar resolver los conflictos del día a día, pensado para personas con y sin discapacidad. Taller de salidas, este es de mis favoritos, porque en él me siento realizada. Ya que en él nos dedicamos a buscar las salidas que realizamos todos los martes y buscamos actividades por internet, llamamos a los responsables, organizamos con ellos nuestra visita, etc. Taller de edición de vídeo, para aprender a editar vídeos y realizar programas. Taller de musicoterapia y de teatro, en el primero nos dedicamos a cantar canciones en grupo y en el de teatro, los monitores adaptan una obra para nosotros, nos presentamos al Certamen de Teatro de la Comunidad de Madrid y la final de la obra representamos la obra en un centro cultural.

¿Qué es lo que más te gusta Patricia de acudir al centro?

Pues lo que más me gusta es la interacción con las personas, ya sea personalmente como a través del teléfono. El hecho de realizar tareas que ayuden a los demás y que te hacen sentir realizada es otro de los puntos que más me gusta de mi centro. La verdad es que allí tengo grandes amigos, me relaciono con gente, salgo de mi entorno seguro y familiar y me enfrento a nuevos retos cada día.

Si de repente te dicen que tu centro tiene que cerrar porque no hay manera de mantenerlo abierto, porque no tienen financiación, ¿qué harías?

¿Sinceramente? Primero me pondría a llorar y después me sentiría tan vacía que no sabría cómo enfocar de nuevo mi vida. Es como la primera vez que te despiden de un trabajo, solo que en esta ocasión, una persona con parálisis cerebral, con una discapacidad del 80% no conseguiría encontrar un “nuevo empleo” porque sería como darle trabajo a un anciano de 80 años, ¿quién lo contrataría de nuevo? Hay que darse cuenta que para nosotros el centro de día es como nuestra oficina, sacamos adelante nuestro trabajo, ya sea personal o grupal, recibimos los apoyos que necesitamos para realizarlo y nos vamos a casa con la satisfacción de haber hecho las cosas bien. Si cierran los centros nos quedamos “sin trabajo”, sin proyecto de vida y sin derechos. Y eso ¿a quién le gustaría?.

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