por Ana Segoviano

 

En junio cumplí uno de mis sueños en cuanto a viajes se refiere, he realizado un crucero por los fiordos noruegos con mi familia y quería contaros mi experiencia

Fuimos en avión desde Madrid a Hamburgo. He de decir que llevé silla de ruedas manual para una mayor facilidad. En el aeropuerto de barajas fue todo un poco caos con la asistencia, aun así llegué a Hamburgo sin problemas. Como teníamos ya contratado el transporte hasta el barco, unos empleados del barco nos llevaron hasta un autobús accesible a mi madre y a mí, mientras que mi padre y mi hermano recogían las maletas.

Al llegar al puerto todo era accesible. Te ponen unas rampas para poder acceder al crucero, y si hace falta, los trabajadores empujan la silla. El crucero es totalmente accesible: tiene unos 12- 15 ascensores para poder acceder sin problema a cualquiera de sus 19 plantas. Mi camarote era muy espacioso, el baño estaba más adaptado que el de muchos hoteles, tenía un montón de agarraderos por todo el baño, ducha a ras de suelo con asiento y un buen tragadero alrededor para que el baño no entero no escurra después de cada ducha y no se salía ni una gota de agua.

En el bufet tenían mesas reservadas únicamente para huéspedes en silla de ruedas, y aunque había gente que no lo respetaba, si el bufet estaba lleno y no encontrabas mesa los trabajadores te ayudaban a encontrar sitio.

Otro punto a favor si no controláis mucho los idiomas es que muchos trabajadores del crucero hablaban español perfectamente y otros tantos entendían lo básico, por supuesto todos hablaban inglés.

El crucero tenía un teatro donde se hacían espectáculos distintos a diario, si ibas en silla no tenías que esperar cola y te quedabas en la parte alta del teatro donde se veía perfectamente el espectáculo y la fila justo de delante estaba reservada para los acompañantes.

Una de las cosas que no era accesible eran las piscinas y los jacuzzis, ni interiores ni exteriores. Tenían escaleras y no había silla acuática, eso lo eché bastante de menos.

Otra cosa que no era accesible (aunque eso ya lo sabíamos de antemano) eran los autobuses de las excursiones. Tenías que subir escaleras y la silla guardarla en el maletero, aunque si tenías movilidad reducida te reservaban los asientos delanteros con tu número de camarote. Me sorprendió la falta de excursiones accesibles, sobre todo en la ciudad de Copenhague, puesto que la había visitado anteriormente y es bastante accesible, aun así la visitamos de nuevo por nuestra cuenta sin excursión.

Los paisajes desde el crucero fueron increíbles, veías fiordos desde allí además de las excursiones específicas. Como persona con discapacidad que no puede hacer tours cambiando de alojamiento cada dos días para ver varios sitios, hacer senderismo o kayak para ver fiordos lo recomiendo sobre todo si tenéis algo de movilidad para subir a los buses de excursión. En resumen, ha sido una experiencia maravillosa.

La vuelta también fue bien. Aunque se nos olvidó preguntar el horario del autobús accesible y fui en uno normal, también había la posibilidad de uno accesible. Los trabajadores del aeropuerto de Hamburgo fueron maravillosos, en Barajas volvió a ser un poco caos, no sé qué ha pasado en este viaje, no solemos tener problemas. Lo único que quiero resaltar es que en ambos aeropuertos parecía que todo el mundo respiraba más tranquilo cuando veían que mi silla era manual y no eléctrica me repitieron en varias ocasiones “que bien así es más fácil que no se rompa”

NO ES NORMAL QUE LAS PERSONAS CON PARALISIS CEREBRAL Y DISPACIDAD FISICA EN GENERAL NO PODAMOS VIAJAR CON NORMALIDAD EN AVIÓN CON SILLAS ELECTRICAS SIN MIEDO A QUE SE ROMPAN

Ha sido un placer contar y escribir mi experiencia, un abrazo a todos.

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