por Ana Segoviano

 

Hola, amigos. Esta vez os escribo un poco enfadada y muy triste. 

Este verano he estado de vacaciones de Lisboa. La gente es maravillosa, a las personas que no controlen inglés os recomiendo venir, porque mucha gente habla suficiente castellano para entenderte y sino, lo intentan. Además, la comida es muy buena como país mediterráneo. 

Por desgracia, como usuaria en silla de ruedas, he comprobado que la accesibilidad es una asignatura pendiente: muchas de las aceras no están rebajadas, varias estaciones de metro tienen ascensor, pero no he podido usar el metro porque ningún ascensor ha funcionado en todo el viaje. 

Entiendo que estas cosas no se pueden prever, pero me parece muy mal que algo tan básico no lo revisen más a menudo y sobre todo como en mi caso nos mandaban de uno a otro sin comprobar antes su funcionamiento y al llegar allí estaban fuera de servicio. 

Por otro lado, no he podido visitar la famosa Torre de Belem porque había que cruzar un paso subterráneo con escaleras o un puente con un montón de escaleras y el ascensor para sorpresa de nadie NO FUNCIONABA así que, efectivamente, me quedé sin verla.  

Lo peor que no es solo eso, sino la cantidad de vueltas que dimos de un lado para otro porque cada persona nos mandaba para un sitio diferente para que finamente no tuviéramos ningún resultado. 

El día siguiente nos fue bastante bien vimos bastantes iglesias accesibles, pero el final del día se nos torció. Yo voy en un scooter eléctrico, que es como una silla eléctrica solo que con otra forma. Al ir a coger el bus para irnos al hotel, el conductor estuvo a punto de pasar de largo, sin dejarme subir al mismo y sin darnos ninguna explicación. Si no llegó a hacer, fue porque la gente le paró. Cuando le pararon me dijo que no podía subir al autobús, porque mi scooter no era una silla de ruedas y no estaba permitido, a pesar de que el resto de días había subido a varios autobuses de diversas líneas sin ningún tipo de problema. Después de llamar a su jefe y crear un atasco con los distintos buses de la parada, me dejó subir. Aunque bien está lo que bien acaba, si sois usuarios de scooter eléctrica, tened en cuenta que es algo que os podría pasar. 

A pesar de todos los contratiempos, hay más notas positivas al viaje además de la amabilidad de la gente y la comida. 

Uno de los días fuimos a visitar Estoril y Cascáis, son unos pueblos pequeños y pintorescos que merece la pena visitar. En Cascáis fuimos a la playa y, para nuestra sorpresa, tenían un punto de baño accesible, con pasarela y una parte techada para poder dejar las sillas de ruedas, y también contaban con tumbones para la gente con movilidad reducida, por si querían estar en algún otro sitio que no fuera su silla. Además, tenían silla anfibia para acceder al agua, aunque yo no la utilicé. 

Por último, fuimos a Sintra para ver sus castillos y calles, es espectacular. Yo no entré a ningún castillo porque no compré las entradas con antelación, pero había entradas para personas con discapacidad, con un precio algo más reducido. Lo que no os puedo asegurar es cuántas partes de cada castillo son accesibles porque, como ya os he dicho, no entré. 

En definitiva, Lisboa es una ciudad bonita, con gente muy amable en general y comida estupenda, pero la accesibilidad es un tema pendiente. Sobre todo yo eché de menos información, para así no perder el tiempo en ir de un lado para otro y no llegar a ningún sitio.  

La próxima vez espero escribir un artículo más alegre. 

Un abrazo, lectores.

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