por Clara Sánchez-Rebato
Es un poco extraño revisitar etapas importantes de tu vida.
Por un lado, en el momento que pones un pie en esos espacios anclados en el tiempo, tienes la sensación de que el reloj empieza a retroceder, que eres más pequeña… del tamaño que encajaba en el molde de ese escenario, y, a la vez, la versión actual de ti misma te recuerda la importancia de esa fase desde la distancia del presente. Así, lo que experimentas es verte reflejada en dos espejos: el del pasado, que te recuerda los grandes momentos de la experiencia y te seduce con la comodidad del entorno conocido, y el del presente, que es capaz de ver ese episodio en su conjunto.
Fue así como me sentí hace unas semanas cuando formé parte de la ceremonia anual de entrega de los Premios Extraordinarios de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid: abrumada entre el cariño y la sensación de madurez que da el paso del tiempo.
¿Y cómo he llegado hasta aquí? Bueno, pues para eso permíteme rebobinar un poco.
En 2023 defendí mi tesis, Booktube: hablemos de literatura. Estudio de la dinámica entre creadores y usuarios de YouTube a través de los libros, y obtuve la calificación de sobresaliente Cum Laude. Y de regalo descubrí que era la primera mujer con parálisis cerebral en tener un doctorado en el ámbito de la Comunicación Audiovisual, la Publicidad y las Relaciones Públicas. Sí, aún sigo asimilándolo… no importa cuánto tiempo pase. Al poco de defender mi tesis, ASPACE Madrid me hizo una entrevista.
Lo que yo entonces no sabía era que, además de mi nota, el jurado votaba si, como doctora otorgada con la máxima calificación, podía optar también a ser parte de los agraciados con la Mención Extraordinaria de Doctorado. Unos meses, y algo de papeleo después… ahí estaba yo: rodeada de los mejores estudiantes de grado y los mejores doctores que la Facultad había albergado recientemente, con familia y con una de mis directoras como acompañante.
Lo bueno de estos eventos es que te permiten ver que, a pesar de lo arduo del Doctorado, en realidad, había mucha más gente luchando la misma batalla que tú… Gente sobrepasada con entregas y artículos, con revisiones y correcciones, pero que al final terminaron investigaciones que les apasionaban… y son conscientes de todo el esfuerzo. Y ahí es cuando un rincón de tu corazón se enciende con orgullo: estás ahí, entre ellos.
Destaco la palabra orgullo porque no es algo que yo saque a relucir mucho, a pesar de que mi entorno me anime a ello. Pero me sentí orgullosa de las personas reunidas, de la posibilidad de ver a antiguos profesores que aún recuerdan mi nombre y mi presencia en sus clases… y me sentí orgullosa del recorrido y el trabajo realizado: porque mi odisea en el doctorado fue compleja y dura, pero también tuvo grandes momentos que atesoro. Ahora mismo no sé qué me depara el futuro, pero esa experiencia me ha enseñado mucho, y me ha enseñado más de mí misma que nada que haya hecho antes: sobre quién soy, lo que quiero y lo que no, y sobre mi propia fortaleza y resistencia.
Este evento también sacó a relucir otro tipo de orgullo colectivo, tanto para graduados como para doctores. La relevancia de la educación pública, sin la cual muchos de nosotros no habríamos llegado a esa ceremonia, y sobre cómo en esa sala todos abogamos por la importancia de su defensa, su inversión y su cuidado.
Sí, es cierto que cuando llegué a ese evento estaba dividida entre los recuerdos sesgados aderezados de seguridad y la realidad actual. Pero cuando salí de allí entendí que puedo albergar las dos cosas: abrazar a la Clara más joven que apostó por un recorrido académico como la mejor salida, que tuvo buenas y no tan buenas experiencias…y a la Clara actual, que entiende la complejidad de lo que hizo y también de los sentimientos que experimentó y alzarse con orgullo por lo aprendido.
