por Mayka Hidalgo
Cada 3 de diciembre se celebra el Día de la Discapacidad. Para muchos, es solo una fecha en el calendario. Para mí, mujer con parálisis cerebral, es un recordatorio de cómo la sociedad nos sigue mirando con lástima, sorpresa o paternalismo. No necesitamos compasión. No necesitamos que nuestros logros se celebren como hazañas heroicas. Necesitamos derechos, oportunidades reales y respeto a nuestra autonomía.
El impacto de los prejuicios
La percepción social tiene consecuencias directas: espacios inaccesibles, comentarios que invisibilizan nuestra voz, expectativas que nos reducen a lo que otros creen que podemos hacer. He vivido todo esto y sé que cada barrera limita nuestra participación y empobrece a la sociedad en su conjunto. Cuando se nos excluye, todos perdemos: ideas, talento y diversidad.
Acciones concretas para el cambio
Pasar de la compasión condescendiente a la igualdad de derechos requiere medidas claras:
● Educación y sensibilización: desde la infancia y en instituciones públicas y privadas.
● Accesibilidad real: adaptación de espacios físicos y digitales.
● Participación: incluir a personas con discapacidad en la toma de decisiones.
● Relatos auténticos: contar nuestras historias sin victimización ni idealización.
● Respeto a la autonomía: valorar nuestro tiempo, decisiones y capacidades.
Inclusión es justicia, no un favor
La inclusión no es un acto de bondad: es justicia y responsabilidad social. Cada barrera que se elimina, cada oportunidad que se garantiza y cada voz que se escucha fortalece a toda la sociedad. Mientras la mirada social siga atrapada en prejuicios y paternalismos, seguiremos reclamando nuestro derecho a ser vistas, escuchadas y reconocidas como lo que somos: personas completas, con derechos, capacidades y voz propia.
