Por Raúl Iván Perales

Siempre que vamos a comprar, todos pensamos que los pequeños comercios deberían existir durante toda la vida, porque les dan un aspecto bucólico y bonito a nuestras respectivas ciudades. Pero luego a efectos prácticos, cuando tenemos prisa acabamos comprando en las grandes superficies, porque tenemos cantidad de productos muy diferentes entre sí muchísimo más a mano.

Con esta analogía quiero hablaros de los grandes complejos de diversiones, específicamente de PortAventura, y lo quiero hacer desde el punto de vista de una persona normal, que necesita un poquito más de ayuda para disfrutar de todo lo que ofrecen sus instalaciones.

Lo primero que tengo que deciros es que yo más que nada me suelo centrar en las atracciones. Mi favorita sin duda alguna se llama Hurakan Condor, es una atracción de caída libre, y a pesar de que impresiona de verdad jamás te podrías caer, ya que el asiento se adapta perfectamente a tu cuerpo, por no decir que vas muy bien atado. Si te gustan las emociones fuertes te la recomiendo, sin duda alguna es lo que más adrenalina me produce y lo que más me gusta sin discusión. Pero no se me puede olvidar deciros que nosotros nunca tendremos que hacer colas para acceder a las atracciones.

Después, a muchísima distancia vienen los espectáculos y todo lo demás. pero siempre intento disfrutar de cada cosa en su momento. Por ejemplo, hago todo lo posible por facilitar y valorar a mis amigos que me trasladan desde la silla de ruedas a la atracción y al revés, (todo forma parte de un mismo cuadro y sin esa necesaria pincelada no podríamos pasar a la siguiente), porque a pesar de ser una persona grande y fuerte jamás he renunciado a subir a las atracciones ya que es lo que me llena y hace feliz de verdad. Para hacerlo siempre he ido bien acompañado, pero siempre que he necesitado ayuda del personal del parque la he obtenido sin ningún problema.

A la hora de ir a comer, me gusta hacerlo en la cantina que se encuentra en la parte mexicana del parque. Mientras estas comiendo, puedes disfrutar de música y espectáculos en vivo y en directo. La parte mala, porque siempre la hay, es que las mesas no son las más adecuadas para acceder en silla de ruedas. Son las típicas mesas campestres de madera con largas banquetas atornilladas en el suelo sin respaldo. El único lugar donde cabe una silla de ruedas es en los extremos de la mesa, y siempre da la casualidad de que esas zonas están pensadas para el paso de personas, con el añadido de que yo nunca me podía poner de frente porque chocaba con las patas de la mesa, y si tenéis uno de los brazos muchísimo más espástico que el otro te acabas por sentir culpable por tocar sin querer a más gente de lo que tu quisieras. Si añadimos a este cóctel un hiperdesarrollado el sentido del ridículo, como es mi caso, jamás pediréis nada que por un error de cálculo os pueda manchar la ropa más de lo debido, llámese kétchup, mayonesa o salsa picante, aunque lo deseéis de verdad. ¡Solución!, para evitar estos conflictos yo recomendaría que si podéis os pongáis una mesa para vuestra silla de ruedas, personalmente a mi me ha ido muy bien, y en segundo lugar y más importante, tenéis que aprender a darle una importancia relativa a ese tipo de situaciones que nos pasan a diario, porque ni vosotros ni yo podemos vivir cohibidos, tenemos que conseguir una sociedad más abierta y tolerante para el que venga después, es nuestra responsabilidad.

Después de comer siempre me gusta ir a ver espectáculos callejeros, preferentemente de terror me encanta esa temática, y si estamos cerca de Halloween siempre habrá alguna casa terrorífica que visitar, que curiosamente a pesar de su aspecto tétrico, lleno de telarañas, y el crujir de la madera está perfectamente adaptada para ir en silla de ruedas. Y si extrapolamos este pensamiento a algunos edificios de hoy en día francamente te da que pensar.

Si hacemos un pensamiento en general, llegamos a la conclusión que a este tipo de recintos todavía les queda mucho por hacer como al resto de la sociedad, y precisamente es la sociedad quien debe cambiarse a sí misma. Y nosotros también formamos parte de ella, es nuestra responsabilidad decir lo que no nos gusta para intentar cambiarla. Así que os recomiendo que si no os gusta una situación que os afecte directamente decidlo, siempre con respeto, pero nunca con silencio..

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