por Irene Martínez

 

Llega el verano y con él, el ritual de todos los años: sacar la ropa ligera, guardar las chaquetas y preparar el cuerpo –y la mente– para exponerse más de lo habitual.

Para quienes vivimos con parálisis cerebral o tenemos movilidad reducida, el verano a veces puede sentirse como un escaparate incómodo. Mi cuerpo no se mueve como el de los demás. Ocupo más espacio. Me muevo despacio. Mis posturas no son las que ves en los anuncios. Las cicatrices, las tensiones musculares, la silla… todo parece gritar «diferente» cuando el calor exige menos ropa.

Durante muchos años, intenté pasar desapercibida. Elegía ropa ancha, oscura, que no marcara nada. Me preocupaban las miradas, los comentarios y también, esa sensación de que no encajaba. Pero por suerte, todo se puede trabajar y todo puede cambiar.

Tenemos que ver que nuestro cuerpo es la representación de una historia vivida, no un error que hay que disimular. Nos lleva, nos sostiene y aunque a veces nos desafía, también nos puede enseñar que tiene fortaleza que no siempre se ve a simple vista.

Sé que no soy la única que ha sentido ese nudo en el estómago al ponerse unos pantalones cortos o al ir a una terraza en silla de ruedas, esperando la típica frase condescendiente o esa mirada que no sabe dónde posar. Por eso escribo esto.

Si tú también has dudado de tu cuerpo, si te cuesta verte en las fotos o si sientes que tu forma de moverte te excluye, solo quiero decirte esto: tu cuerpo no necesita permiso para disfrutar. No tiene que parecerse a ninguno para merecer estar al sol. Hay belleza en nuestra manera de estar en el mundo, aunque no encaje en los cánones.

Yo aún estoy aprendiendo a quererme tal como soy, con mi silla, mis movimientos descoordinados y mis cicatrices. Pero cada verano que me permito sentir el aire en la piel sin esconderme, avanzo un paso más.

Y tú puedes hacerlo también. No hace falta que lo hagas perfecto. No tienes que sentirte bien todos los días, ni tener una autoestima de hierro para dar ese paso. A veces basta con elegir una camiseta que realmente te gusta, aunque enseñe más de lo que antes te atrevías. A veces es simplemente decir “sí” a ese plan al aire libre, aunque sepas que tendrás que enfrentarte a obstáculos o miradas. Hazlo a tu ritmo. Hazlo cuando te sientas lista. Pero sobre todo, hazlo a tu manera. Porque no hay una forma correcta de habitar tu cuerpo, solo la tuya. Y eso, ya es suficiente.

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