¡Yo también tengo derecho a entrar! #DaleLaVuelta

¡Yo también tengo derecho a entrar! #DaleLaVuelta

Por Cristina Martín

¡Hola a todos y todas!

Me hace especial ilusión porque será mi pequeña aportación a la campaña por el Día  Mundial de la Parálisis Cerebral 2019

Si habéis visto el vídeo de la campaña de este año de Confederación ASPACE, (que se llama #DaleLaVuelta) , sabréis que una de las barreras que se encuentra Juan, nuestro protagonista, es que se ve obligado a vivir en un mundo lleno de rampas, en el que no se ven escaleras. Quizás no pueda parecer una barrera si no nos fijamos en el hecho de que al principio del vídeo, se llega a caer por lo mucho que resbalan. Yo veo esa “caída” como una metáfora  de algo que sufrimos día a día y es la imposibilidad de acceder a ciertos espacios. Por eso en la entrada de hoy quiero hablaros de nuestro derecho a la accesibilidad universal. Voy a mencionar las situaciones en que más me afecta a mí, pero probablemente me deje muchas. Si crees que puedes aportar algo más ¡deja un comentario!

La accesibilidad universal es algo que debería existir por ley según la ley 10/2014, del 3 de diciembre que establece la “accesibilidad universal” como la condición que deben cumplir los entornos, procesos, bienes, productos y servicios, así como los objetos o instrumentos, herramientas y dispositivos, para ser comprensibles, utilizables y practicables por todas las personas en condiciones de seguridad y comodidad y de la manera más autónoma y natural posible. Sin embargo, dicha ley no establece sanciones efectivas en el caso de que no se cumpla.

Lo cierto es que para las personas con parálisis cerebral (y supongo que también para las personas con movilidad reducida en general)  no es un capricho ni una cuestión de comodidad. El hecho de que haya escaleras en un espacio al que deseamos ir (y que no tenga entrada alternativa) nos impide vivir la vida de forma plena. Desde restaurantes hasta lugares de ocio pasando por establecimientos o servicios a los que todos deberíamos poder acceder como son por ejemplo los bancos. Nos quedamos sin entrar. Por poner otro ejemplo, como lectora empedernida no sabéis lo mucho que me duele que muchas librerías  pequeñas tengan escalones en la puerta.

Por otra parte, si hay algo peor que la falta de accesibilidad, como bien se muestra en el vídeo, eso es la indiferencia que vive Juan ante la necesidad de un acceso adecuado a sus necesidades (minuto 1:15). Esto es un ejemplo de esa indiferencia que yo por suerte es el que menos he vivido. Pero  también son muestras de  indiferencia utilizar las plazas de aparcamiento reservadas, o los baños adaptados  cuando no se necesitan o el hecho de no arreglar un ascensor hasta que se notifica que se ha estropeado, porque no se le da la importancia. Todas esas cosas por desgracia sí me han pasado con mucha más frecuencia.

Volviendo al ejemplo del vídeo,  En mi caso cuando  pregunto si tienen  rampa de acceso  la respuesta clásica es “no, pero no te preocupes que te ayudamos a subir la silla” y aunque lo hagan con toda la buena intención, siento decir que no es la solución. Es sólo una forma de ponernos en peligro a todos: a los trabajadores que pueden lesionarse por cargar un peso excesivo, a mí, que podría caerme en el proceso y a la silla que podría romperse. ¿Es necesario arriesgarse tanto?

Igual os suena exagerado, pero para que me entendáis, voy a seguir con el ejemplo de Juan en la campaña:  es como a él si como solución para salvar una rampa alguien con parálisis cerebral le ofreciese a Juan cargar con él encima de su silla. ¿No creéis que si Juan se cayera podría romperse una pierna? Pues nuestro caso es igual: si se nos rompe la silla es como si se nos rompiese una pierna. No os sorprendáis ni os molestéis si no queremos correr el riesgo. Yo agradezco el detalle, pero insisto en que no es la solución.

No me parece justo, pero puedo llegar a entender también que no todos los establecimientos puedan tener un acceso con rampa fijo por cuestiones de urbanismo municipal que no son responsabilidad de los dueños. Pero eso no tiene porque implicar negarnos el acceso: un escalón se salva igual de bien con una plataforma de madera o de metal que se pueda quitar y poner: Si son más probablemente sea necesaria una plataforma eléctrica si son más de uno o dos, pero lo más frecuente es que sea solo un escalón o dos.  Son gestos sencillos que para nosotros marcan la diferencia: significan poder movernos por la ciudad con libertad y sin preocupaciones. ¿Es tanto pedir?

Piensa por un segundo y dale la vuelta a la situación. ¿Tú no querrías tener derecho a entrar? Pues nosotros también.

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